
10 de junio: Día Nacional de la Lengua de Señas Mexicana
Más de 2.3 millones de personas en México viven con discapacidad auditiva, pero menos del 10% tiene acceso regular a servicios públicos con interpretación en Lengua de Señas Mexicana. Esta realidad, tan contundente como invisible, evidencia una brecha estructural que va más allá de la comunicación: pone en juego derechos fundamentales como la educación, la salud, la justicia y la participación ciudadana.
Cada 10 de junio se conmemora en México el Día Nacional de la Lengua de Señas Mexicana (LSM), una fecha establecida oficialmente en 2005 por decreto presidencial con el objetivo de reconocer, proteger y promover el uso de esta lengua como medio de comunicación, identidad y expresión cultural de la comunidad sorda mexicana. La LSM no es una simple herramienta de apoyo: es una lengua plena, con gramática propia, estructura lingüística compleja y un profundo valor histórico y social.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México existen aproximadamente 2.3 millones de personas con alguna discapacidad auditiva, y se estima que más de 200,000 personas utilizan la LSM como lengua principal. Sin embargo, el acceso a derechos, educación, salud, justicia y medios de comunicación en esta lengua sigue siendo limitado, lo que refleja una deuda histórica con la comunidad sorda.
La LSM fue oficialmente reconocida en la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad en 2005, y más tarde, en 2021, se reforzó su estatus legal con la reforma al artículo 2 de la Constitución, donde se estipula que la Lengua de Señas Mexicana es una lengua nacional. Esto la colocó al mismo nivel que el español y las lenguas indígenas, lo cual implica que el Estado debe promover su enseñanza, interpretación profesional y presencia institucional.
No obstante, en la práctica persisten importantes barreras. En el ámbito educativo, por ejemplo, muchas niñas y niños sordos no reciben enseñanza en LSM desde los primeros años, lo cual afecta gravemente su desarrollo cognitivo y social. Las escuelas inclusivas, en teoría pensadas para integrar a estudiantes con y sin discapacidad, muchas veces carecen de personal capacitado en lengua de señas o de intérpretes profesionales. La ausencia de docentes sordos y de materiales educativos adaptados también limita el aprendizaje y la formación cultural de los estudiantes sordos.
En el sector de la salud, los obstáculos comunicativos pueden tener consecuencias graves. La falta de intérpretes en hospitales y clínicas impide que muchas personas sordas comprendan diagnósticos, tratamientos o instrucciones médicas básicas. Durante la pandemia de COVID-19, esta problemática se agudizó, ya que gran parte de la información pública no fue difundida en LSM, generando confusión y exclusión.
En el ámbito jurídico, el acceso a la justicia también está comprometido. Las personas sordas que enfrentan procesos legales suelen hacerlo sin el acompañamiento adecuado de intérpretes certificados, lo cual vulnera su derecho a una defensa justa y a un juicio imparcial. En muchos casos, se les solicita que se comuniquen por escrito, ignorando que para algunas personas sordas el español escrito no es una lengua materna, sino una segunda lengua aprendida con dificultad.
A pesar de estos desafíos, la comunidad sorda ha sostenido una lucha constante por el reconocimiento de sus derechos lingüísticos y culturales. Diversas organizaciones como la Asociación Mexicana de Intérpretes y Traductores de Lengua de Señas (AMILS), la Federación Mexicana de Sordos (FEMESOR) y colectivos locales han impulsado campañas de sensibilización, programas de enseñanza de LSM y acciones legales para exigir políticas públicas incluyentes.
También en los últimos años ha habido avances importantes en materia de visibilidad. Algunos medios de comunicación han incorporado intérpretes en transmisiones noticiosas, y plataformas digitales han generado contenido educativo y cultural en LSM. En redes sociales, creadores sordos han utilizado sus espacios para difundir su lengua, promover la cultura sorda y denunciar la exclusión sistemática que enfrentan.
El Día Nacional de la Lengua de Señas Mexicana no debe entenderse como unacelebración, ni como una efeméride simbólica, sino como una oportunidad para reflexionar sobre la inclusión real de la comunidad sorda en la vida pública del país. Reconocer la LSM es reconocer una forma distinta y legítima de ver el mundo, de nombrarlo y de habitarlo. Significa también entender que la diversidad lingüística no solo pertenece al pasado, sino que forma parte del presente y del futuro de una sociedad plural, justa y democrática.
Garantizar el acceso pleno a la Lengua de Señas Mexicana no es un gesto solidario: es una obligación constitucional y una deuda histórica. La inclusión no se mide por buenas intenciones, sino por políticas efectivas y recursos asignados. Lo urgente es desmontar las estructuras que han marginado esta lengua por siglos y asegurar que la LSM tenga un lugar real en la educación, la justicia, la salud y los medios. Y ese camino debe construirse con la comunidad sorda al frente, no como beneficiaria pasiva, sino como protagonista.

Información: INEGI / FEMESOR
Fotografía: Quadratin



