Opinión

La política también se escribe en voz joven

César E. Harfuch Prieto*

Durante años, las juventudes mexicanas fueron tratadas como una reserva de futuro. Se hablaba de ellas con esperanza, pero sin compromiso; se les reconocía en el discurso, pero se les negaba el acceso real a las decisiones. Esa etapa debe quedar atrás. Hoy, la juventud exige, y ocupa, su lugar en la vida pública con preparación, visión y responsabilidad.

Las cifras lo confirman: casi uno de cada tres votantes en el país es joven. Somos millones quienes no sólo representamos una fuerza electoral determinante, sino también una fuente inagotable de ideas, energía y propuestas. No se trata de una moda ni de una concesión: se trata de asumir que las juventudes tenemos derecho a incidir, a decidir y a transformar.

Afortunadamente, ese cambio de visión ya se empieza a reflejar en los partidos, en los gobiernos y en las candidaturas. Hoy vemos cada vez más espacios donde las y los jóvenes participan no solo como operadores o brigadistas, sino como liderazgos legítimos, con capacidad de interlocución y propuestas claras. En el PRI, este proceso se ha vivido con fuerza a través del impulso a cuadros juveniles, la apertura de espacios en estructuras y la formación política constante. Ahí radica una de nuestras mayores fortalezas: no improvisamos liderazgos, los formamos.

El reto, sin embargo, no está superado. Todavía existen inercias que minimizan la voz joven, que suponen que la edad determina la calidad de las ideas o la madurez del juicio político. Pero esa visión se desmorona ante una generación que no se conforma con aplaudir desde las gradas, que se informa, que estudia, que se organiza y que propone.

Hoy, jóvenes profesionistas, estudiantes, activistas y militantes están transformando la forma de hacer política. Lo hacen desde causas concretas: la defensa del medio ambiente, la equidad de género, la participación democrática, el acceso a derechos y el combate a las desigualdades. Y también lo hacen desde trincheras institucionales, con responsabilidad y visión de Estado.

Las juventudes no venimos a dividir ni a desplazar. Venimos a sumar, a renovar, a tender puentes. Nuestra participación no se limita a la energía de una campaña, queremos formar parte del diseño de las políticas públicas, de las reformas legislativas, de los procesos de planeación a largo plazo. Queremos ser parte de la construcción de nuestro país.

Por eso, abrir espacios para la juventud no debe verse como una dádiva, sino como una inversión inteligente en el presente y el futuro. La inclusión generacional fortalece a la democracia, revitaliza los partidos y mejora la representación. Cada vez que una o un joven participa, se construye una nueva narrativa sobre el poder, más horizontal, más cercana y más sensible.

Desde el PRI, tenemos claro que no hay proyecto duradero sin la fuerza de la juventud. Por eso se impulsa su formación, se reconocen sus liderazgos y se promueve su presencia real en las decisiones. No es casualidad que muchas y muchos jóvenes estén hoy en boletas, en comités directivos, en congresos locales y en estructuras clave del partido.

Las juventudes ya no pedimos permiso. Estamos listas para asumir responsabilidades y dar resultados. La política mexicana necesita esta mirada fresca, esta convicción ética y esta voluntad transformadora. Porque solo sumando generaciones lograremos los cambios que México necesita.

Secretario de Finanzas del IRH Nacional

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