
Hallazgo de tumba de Tutmosis II reconfigura la arqueología egipcia
En febrero de 2025, Egipto confirmó oficialmente el hallazgo de la tumba del faraón Tutmosis II, ubicada en el llamado “Valle C”, al suroeste del Valle de los Reyes, en la antigua Tebas (actual Luxor). Se trata del primer descubrimiento de una tumba real del Imperio Nuevo desde el hallazgo de la de Tutankamón en 1922 y el primero desde Psusenes I en Tanis, en 1939.
La identificación de la tumba fue posible gracias al hallazgo de fragmentos de vasos de alabastro con el cartucho de Tutmosis II Ajepenre, acompañado por referencias a su esposa y hermanastra, la poderosa Hatshepsut, quien habría organizado los funerales. La inscripción confirma que fue ella quien encabezó los rituales mortuorios, revelando nuevas claves sobre su ascenso político en uno de los momentos más complejos de la dinastía XVIII.
Aunque la tumba fue encontrada en 2022 por una misión conjunta egipcio-británica encabezada por Piers Litherland, de la Universidad de Cambridge, la confirmación del hallazgo llegó tras extensos análisis epigráficos en 2023. El sepulcro fue localizado en una zona poco explorada conocida como Wadi Gabbanat el-Qurud, donde también se han descubierto otras tumbas de miembros de la familia real.
El estado de conservación de la tumba era precario. Las inundaciones y movimientos de tierra cubrieron la estructura de escombros, lo que explica la ausencia de ajuar completo y de la momia del faraón. Sin embargo, fragmentos hallados permiten reconstruir parte de los rituales y del diseño original de la cámara funeraria. Cabe recordar que la momia de Tutmosis II fue hallada en 1881 en un escondite en Deir el-Bahari, junto a más de 40 momias reales.
Uno de los datos más reveladores es el hallazgo de fragmentos de inscripciones y objetos que aluden a una posible segunda tumba en la misma área. De confirmarse, podría contener restos originales o piezas funerarias clave, lo que ha generado grandes expectativas en la comunidad científica. Algunos arqueólogos llaman a la cautela, pero la hipótesis se apoya en estudios geofísicos que sugieren la presencia de otra cámara subterránea.
Este hallazgo es relevante no solo por su valor arqueológico, sino porque reafirma el papel de Hatshepsut como figura clave en la transición de poder del Egipto antiguo. Su aparición en los textos funerarios como “la que vela por el difunto rey” apunta a una estrategia de legitimación previa a su proclamación como faraona.
El descubrimiento de la tumba de Tutmosis II no solo ilumina aspectos aún desconocidos del Imperio Nuevo, sino que también redibuja las prioridades de exploración arqueológica en Egipto, al revalorizar zonas poco excavadas de la necrópolis tebana. A más de un siglo del hallazgo de Tutankamón, la historia del Antiguo Egipto demuestra que aún tiene mucho por revelar.
Información: El País / National Geographic
Fotografía: National Geographic



