
Ser oposición no es un papel secundario ni una postura cómoda: es una responsabilidad que exige claridad, firmeza y estrategia.
Hoy, más que nunca, el PRI debe asumirse con orgullo como fuerza opositora. No podemos negar la realidad política que vivimos: el electorado ha depositado su confianza mayoritariamente en otras fuerzas, y eso nos coloca en un rol claro. Pretender lo contrario sería cerrar los ojos ante el mandato ciudadano.
Pero ser oposición no significa resignarse. Al contrario: implica organizarse, prepararse y elevar el nivel del debate. Es momento de ajustar nuestras metas y nuestros sistemas de lucha. La gente no espera de nosotros que gritemos por gritar, sino que seamos una voz con argumentos, con propuestas viables, con una visión de país más allá del enojo o la ocurrencia.
Quienes ven en la oposición un espacio estéril se equivocan. La historia demuestra que los grandes cambios muchas veces germinan desde ahí: cuando una fuerza política sabe leer el pulso social, acompaña las causas justas, señala los errores del poder y propone caminos alternativos. Si no asumimos esa tarea, si no la hacemos nuestra, perderemos la oportunidad de volver a ser una opción confiable para gobernar.
Hoy debemos ser más que un recuerdo: debemos ser una esperanza. Pero para lograrlo, necesitamos actuar con coherencia y determinación. No basta con esperar el desgaste del gobierno en turno. Hay que construir desde abajo, desde los municipios, los barrios, las colonias, los sectores que se sienten abandonados por las promesas incumplidas. La calle debe ser nuestro termómetro y nuestra escuela. Ahí se miden las causas reales de la gente.
La autocrítica también es necesaria. Reconocer los errores del pasado no nos debilita: nos humaniza y nos prepara para no repetirlos. A la ciudadanía no se le convence con discursos reciclados, sino con acciones claras, cercanas y valientes. Hoy más que nunca, se necesita un PRI con vocación social, con convicción democrática y con ética pública.
Ser oposición implica también unirnos con otras voces cuando se trata de defender a México. No podemos caer en el aislamiento ni en el protagonismo inútil. El país necesita contrapesos reales, argumentos sólidos y unidad en las causas fundamentales: democracia, justicia, empleo, salud, educación y libertad.
Porque si no somos una oposición firme, crítica y constructiva, entonces no seremos opción. Y si no somos opción, dejaremos de ser útiles para el pueblo.
Hoy es tiempo de resistir con inteligencia, de proponer con audacia y de organizarnos con visión. El PRI tiene historia, estructura y experiencia. Ahora necesita determinación.
Que nadie nos confunda: asumirse oposición no es rendirse. Es prepararse para volver.
*Presidente del IRH filial Oaxaca


