Opinión

México no nació estable después de la Revolución

Alejandra Cerón Grajales*

México no nació estable después de la Revolución.
Nació fracturado, armado, dividido y sin reglas claras.

Fue en medio de ese caos cuando surgió una decisión histórica: institucionalizar el poder para evitar que el país volviera a desangrarse entre caudillos.

En 1929, con Plutarco Elías Calles, nació el Partido Nacional Revolucionario, antecedente del PRI. No fue la creación de una dictadura: fue la construcción de un acuerdo político para sustituir las armas por instituciones. Para que el poder se disputara en las urnas y no en el campo de batalla.

Con Lázaro Cárdenas del Río se consolidó el Partido de la Revolución Mexicana y se fortaleció el Estado social: reparto agrario, organización obrera y la defensa estratégica del petróleo con la creación de Petróleos Mexicanos.

Con Manuel Ávila Camacho inició la modernización industrial y la reconciliación nacional.

Con Miguel Alemán Valdés nació el PRI como tal y comenzó la gran infraestructura civil del México moderno.

Con Adolfo Ruiz Cortines se reconoció el voto de la mujer, ampliando la democracia.

Con Adolfo López Mateos se creó el ISSSTE y se nacionalizó la industria eléctrica, fortaleciendo el Estado social.

Con Gustavo Díaz Ordaz se consolidó infraestructura estratégica y el desarrollo estabilizador.

Con Luis Echeverría Álvarez se ampliaron instituciones educativas y sociales.

Con José López Portillo se creó el Sistema Alimentario Mexicano y se impulsó el desarrollo energético.

Con Miguel de la Madrid nacieron instituciones de transparencia administrativa y la modernización económica tras la crisis.

Con Carlos Salinas de Gortari se consolidó la apertura comercial y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), integrando a México al mundo.

Con Ernesto Zedillo se fortaleció la autonomía del IFE, hoy INE, garantizando alternancia democrática real. Ahí terminó cualquier argumento de dictadura: el PRI entregó el poder en las urnas.

Y con Enrique Peña Nieto se impulsaron reformas estructurales en energía, telecomunicaciones, educación y competencia económica, modernizando sectores estratégicos.

El PRI no fue perfecto. Ninguna fuerza política lo es.
Pero fue constructor de instituciones. Fue hacedor del Estado mexicano moderno. Transformó la violencia revolucionaria en estabilidad política. Pasó de un México rural devastado a una nación industrial, urbana, con universidades, seguridad social, órganos autónomos y reglas democráticas.

Eso no es dictadura.
Eso es evolución institucional.

Hoy vemos lo contrario.
Vemos cómo Morena debilita órganos autónomos, presiona al Poder Judicial, politiza la seguridad, erosiona contrapesos y concentra poder. Lo que costó décadas construir, hoy se desmonta con discursos simplistas y decisiones improvisadas.

No se construye destruyendo.
No se transforma debilitando instituciones.
No se gobierna desde el resentimiento.

México no necesita demolición, necesita reconstrucción responsable.

Despierten.
Despertemos.

La historia ya demostró quién supo organizar el caos y convertirlo en nación.
La pregunta es clara:

¿Quién está dispuesto a defender al partido que ayudó a construir el México institucional?
¿Quién está dispuesto a hacer que México vuelva a ser grande, fuerte y respetado?

Porque México no merece retroceder.
México merece estar de pie compitiendo con las economías del mundo.
Merece volver a ser nuestro México lindo y querido!
Necesitamos los Priistas como lo hicimos en antaño, hacerlo ReEvolucionar!

*Secretaria de Gestión Social en el Comité Municipal del PRI en Cozumel

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