Opinión

Soberanía o Coartada

Martín Javier Vargas Flores*

La falsa soberanía de Morena… y la advertencia de Alito

¿Soberanía o coartada?

La soberanía no nació para encubrir debilidades ni para justificar omisiones. Sin embargo, el gobierno de Morena ha convertido en un recurso discursivo para responder a toda crítica nacional e internacional mientras el país pierde control en regiones enteras frente al crimen, la violencia y la impunidad. Desde sus raíces clásicas hasta sus interpretaciones contemporáneas, la soberanía siempre ha significado responsabilidad, control efectivo del territorio y capacidad de garantizar orden, seguridad y bienestar. Cuando desde el poder se utiliza la palabra “soberanía” como escudo político mientras se evade la realidad, deja de ser principio de Estado y se convierte en coartada. Frente a ello, Alejandro Moreno Cárdenas ha insistido en denunciar que ningún gobierno puede llamarse soberano cuando abandona a los ciudadanos frente al miedo y la incertidumbre.

La soberanía no es un eslogan ni una consigna propagandística para justificar errores. Es una condición que se ejerce o se pierde. Pero el régimen de Morena ha preferido repetirla como mantra mientras deteriora instituciones, divide al país y desacredita toda crítica como si cuestionar al poder fuera traicionar a la patria. La pregunta ya no es qué significa la soberanía, sino quién se beneficia políticamente de deformarla. Porque un Estado verdaderamente soberano no necesita gritarlo todos los días: lo demuestra con resultados. Precisamente por eso Alejandro Moreno Cárdenas ha señalado una y otra vez que el patriotismo auténtico no consiste en blindar gobiernos incompetentes, sino en defender a México incluso frente al abuso del poder.

La soberanía es control efectivo del territorio y de la seguridad de la población; no es tolerancia disfrazada de estrategia frente a grupos criminales. Morena prometió pacificar al país, pero convirtió la política de seguridad en una cadena interminable de excusas mientras millones de mexicanos viven atrapados entre el miedo y la violencia. Un Estado que no puede garantizar la vida cotidiana sin la intervención o el permiso tácito de actores ilegales no ejerce soberanía: la delega. Y cuando esa delegación ocurre desde la comodidad del discurso oficial, se transforma en renuncia silenciosa. Alejandro Moreno Cárdenas ha sido una de las voces que con mayor firmeza ha denunciado que ningún gobierno puede presumir soberanía mientras existen regiones donde manda más el crimen que las instituciones.

La soberanía es garantizar derechos básicos como la salud; no es administrar carencias mientras se presume autosuficiencia ideológica. Morena destruyó instituciones, improvisó políticas públicas y convirtió la tragedia del sistema de salud en propaganda política. Un gobierno soberano protege a su población con hospitales funcionales, medicinas y atención digna, no con discursos triunfalistas desde el poder. Cuando millones de mexicanos enfrentan abandono médico mientras el oficialismo presume éxitos inexistentes, lo que se pierde no es solamente eficiencia: se pierde legitimidad moral. Alejandro Moreno Cárdenas ha insistido en que la verdadera soberanía empieza por proteger la vida y la dignidad de las familias mexicanas, no por fabricar narrativas para ocultar fracasos.

La soberanía es preservar la integridad democrática; no es concentrar poder debilitando contrapesos e intimidando instituciones. Morena ha intentado presentar cualquier límite constitucional como un obstáculo para “el pueblo”, cuando en realidad los contrapesos existen precisamente para evitar abusos. La legitimidad no se decreta desde una conferencia mañanera ni desde una maquinaria propagandística: se construye con reglas claras, árbitros confiables y competencia real. Cuando el poder utiliza las instituciones para inclinar el juego político a su favor, la soberanía popular se distorsiona y se convierte en simulación. Frente a ello, Alejandro Moreno Cárdenas ha defendido la permanencia de instituciones autónomas y ha advertido que sin democracia auténtica no existe soberanía, sino hegemonía disfrazada.

La soberanía es el imperio de la ley; no es la discrecionalidad selectiva ni la justicia aplicada según conveniencias políticas. Morena ha normalizado un discurso donde los adversarios son perseguidos públicamente mientras los aliados del poder reciben protección política. No puede haber soberanía donde la ley depende del humor del gobierno o de la utilidad electoral de cada caso. La ley que se negocia deja de ser ley. Y un Estado que tolera territorios de impunidad pierde su condición soberana porque deja de ser la autoridad última para convertirse apenas en un actor más dentro del desorden nacional. Alejandro Moreno Cárdenas ha denunciado repetidamente este uso faccioso de las instituciones y ha exigido un Estado donde la ley se aplique igual para todos.

La soberanía es independencia con responsabilidad internacional; no es aislamiento conveniente ni victimismo diplomático. Morena utiliza la soberanía como argumento defensivo cada vez que organismos internacionales, gobiernos extranjeros o medios globales cuestionan la violencia, el deterioro democrático o la infiltración criminal en México. Un país soberano coopera, dialoga y responde ante el mundo sin subordinación, pero también sin esconderse detrás del nacionalismo retórico. Utilizar la soberanía para evadir rendición de cuentas no fortalece al Estado: lo exhibe. Alejandro Moreno Cárdenasha sostenido que México debe recuperar liderazgo internacional con seriedad, firmeza institucional y respeto global, no mediante confrontaciones ideológicas estériles.

La soberanía es capacidad económica para decidir el rumbo nacional; no es precarizar el desarrollo mientras se presume autonomía ficticia. Morena ha construido una narrativa económica triunfalista mientras millones de mexicanos enfrentan incertidumbre, menor poder adquisitivo y falta de oportunidades reales. La verdadera independencia económica no se mide en discursos ideológicos ni en polarización política, sino en crecimiento, inversión, empleo y confianza institucional. Cuando un país depende cada vez más de factores externos mientras el gobierno evade corregir errores internos, la soberanía económica se vuelve incompleta y vulnerable. Alejandro Moreno Cárdenas ha insistido en que México necesita certidumbre, inversión y fortalecimiento institucional para recuperar competitividad y futuro.

La soberanía es proteger a la sociedad desde el poder; no es proteger al poder frente a la sociedad. Morena ha invertido demasiada energía en defender su narrativa política y demasiado poca en resolver los problemas reales de los ciudadanos. Cuando las decisiones públicas se orientan más a conservar popularidad que a enfrentar el deterioro nacional, la lógica democrática se invierte. El Estado deja de servir y comienza a justificarse a sí mismo. Y en ese momento, la soberanía deja de pertenecer al pueblo para convertirse en patrimonio de quienes administran el poder. Por eso Alejandro Moreno Cárdenas ha advertido que México necesita recuperar una visión de Estado donde el ciudadano vuelva a ser prioridad y no simple espectador de la propaganda oficial.

*Director Nacional de la Escuela de Cuadros del PRI

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