
LA FE DE ALITO EN LA COALICIÓN PARA SALVAR MÉXICO
- Martín Javier Vargas Flores
LA FE DE ALITO EN LA COALICIÓN PARA SALVAR A MÉXICO no es una ocurrencia de coyuntura ni una frase para salir del paso ante los micrófonos. Es una convocatoria política que Alejandro Moreno Cárdenas ha sostenido con insistencia: si la oposición quiere derrotar a Morena, necesita entender que las elecciones no se ganan con buenos deseos, discursos aislados ni protagonismos personales. Se ganan con estrategia, organización y voluntad de sumar.
LA FE DE ALITO EN LA COALICIÓN PARA SALVAR A MÉXICO parte de una realidad contundente: Morena no es invencible, pero tampoco será derrotado por una oposición dividida y entretenida en sus diferencias. Cuando los opositores compiten separados, pueden regalarle la victoria a quien unidos tendrían posibilidades reales de vencer. ¡Así de simple, carajo! La política no es un concurso de egos; es una competencia por el poder y por la capacidad de rescatar al país.
LA FE DE ALITO EN LA COALICIÓN PARA SALVAR A MÉXICO implica reconocer que sumar partidos no basta. Se necesita una causa común, un proyecto de país y propuestas que respondan a las preocupaciones ciudadanas: inseguridad, deterioro de los servicios públicos, dificultades económicas e incertidumbre. Una fotografía de dirigentes estrechándose las manos no resuelve estos problemas. Hace falta una alternativa creíble y la decisión de poner el interés nacional por encima de las ambiciones particulares.
LA FE DE ALITO EN LA COALICIÓN PARA SALVAR A MÉXICO exige abandonar la ilusión de que Morena caerá por sus propios errores. Los desaciertos del gobierno pueden abrir oportunidades, pero no producen victorias opositoras por generación espontánea. Para ganar hay que recuperar la confianza ciudadana, formar liderazgos, organizar el territorio y presentar candidaturas competitivas. La indignación puede encender la inconformidad; solamente una estrategia política puede convertirla en mayoría electoral.
LA FE DE ALITO EN LA COALICIÓN PARA SALVAR A MÉXICO no significa renunciar a las identidades partidistas ni disolver las diferencias ideológicas. Significa comprender que la pluralidad puede ser una fortaleza frente a un adversario común. La unidad no exige pensar igual en todo; exige distinguir entre las diferencias que enriquecen la democracia y las divisiones que benefician a Morena. Quien confunda sus intereses particulares con sus principios corre el riesgo de conservar sus principios y perder las elecciones.
LA FE DE ALITO EN LA COALICIÓN PARA SALVAR A MÉXICO debe traducirse en hechos verificables: diálogo entre dirigencias, reglas claras para seleccionar candidaturas, acuerdos programáticos y coordinación efectiva. También requiere escuchar a la ciudadanía, abrir espacios a nuevos liderazgos y explicar qué haría una alternativa opositora de manera diferente y por qué podría hacerlo mejor. No basta con estar en contra de Morena; hay que demostrar para qué se quiere gobernar.
LA FE DE ALITO EN LA COALICIÓN PARA SALVAR A MÉXICO se pondrá a prueba conforme se acerquen los próximos procesos electorales. Entonces se verá quién está dispuesto a construir una mayoría y quién solamente busca negociar posiciones; quién privilegia una alternativa nacional y quién prefiere conservar su pequeña parcela de poder. La unidad se demuestra cuando llega el momento de ceder, acordar y cumplir, no cuando resulta cómodo pronunciar discursos.
LA FE DE ALITO EN LA COALICIÓN PARA SALVAR A MÉXICO encierra una advertencia y una oportunidad. Una oposición fragmentada puede facilitar la continuidad de Morena, incluso frente al descontento ciudadano. Pero ese descontento también puede convertirse en una alternativa democrática y competitiva, capaz de recuperar la confianza pública. México necesita contrapesos, instituciones sólidas y una oposición a la altura de su responsabilidad.
LA FE DE ALITO EN LA COALICIÓN PARA SALVAR A MÉXICO no garantiza la victoria, pero renunciar a la unidad hace mucho más difícil alcanzarla. Ahora corresponde demostrar que la madurez política puede más que el ego, que el proyecto puede más que la ambición y que la responsabilidad con México está por encima de las conveniencias personales. Si la oposición quiere ganar, debe dejar de comportarse como una suma de aspirantes y empezar a actuar como una verdadera alternativa de gobierno. ¡La libertad, la democracia y el futuro de México no se defienden con discursos vacíos: se defienden con unidad, estrategia y resultados.



