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Infancias robadas: México, segundo lugar en América Latina en trabajo infantil

En México, 3.7 millones de niñas, niños y adolescentes trabajan, y de ellos, 1.2 millones lo hacen en actividades prohibidas por la ley. Así lo revela la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) 2022 del INEGI, que muestra que el 13.1% de la población entre 5 y 17 años está involucrada en alguna forma de actividad económica, muchas veces bajo condiciones que violan sus derechos fundamentales y comprometen su desarrollo integral. Del total, el 70% son niños y el 30% niñas; el 60% vive en zonas rurales y más del 40% no asiste regularmente a la escuela.

La magnitud del problema es alarmante: México ocupa el segundo lugar en América Latina con mayor número de menores trabajadores, solo por debajo de Brasil. Las principales actividades en que se desempeñan son la agricultura (32.8%), el comercio informal (22.5%) y la industria manufacturera (13.4%), sectores que en conjunto concentran casi el 70% del total de trabajo infantil. Otros ámbitos incluyen servicios no especificados (11.3%) y labores domésticas o no remuneradas (9%). Más de 700 mil menores se encuentran en condiciones consideradas peligrosas, expuestos a agroquímicos, jornadas extensas, maquinaria riesgosa o entornos violentos.

A nivel global, el panorama no es mejor. Un informe conjunto de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y UNICEF publicado en 2024 estima que 160 millones de niños y niñas están en situación de trabajo infantil, lo que representa un retroceso tras dos décadas de avances. Esta cifra implica un aumento de 8.4 millones desde 2016. Del total global, 97 millones son niños y 63 millones niñas; más de la mitad de estos menores realiza trabajos clasificados como peligrosos por su impacto físico, psicológico o incluso mortal.

Por edad, la mitad de quienes trabajan tienen entre 5 y 11 años; el 28% está entre los 12 y 14 años, y el 22% entre los 15 y 17. Por región, África subsahariana concentra la mayor cifra con 92 millones de casos, seguida por Asia y el Pacífico con 49 millones; América Latina y el Caribe con 8.2 millones; Medio Oriente y África del Norte con 5.5 millones, y Europa junto a Asia Central con 6 millones.

En nuestra región, el 50% de los menores que trabajan también asume responsabilidades domésticas no remuneradas, lo que profundiza su exclusión del sistema educativo. Brasil, México, Guatemala, Perú y Haití encabezan la lista de países con mayor incidencia, especialmente en comunidades indígenas, donde las tasas superan el 25%.

En México, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) y el INEGI indican que al menos 870 mil menores realizan trabajos sin remuneración, en su mayoría en el entorno familiar o agrícola. En estados como Chiapas, Guerrero y Oaxaca, el porcentaje de menores trabajadores supera el 20%. En Sinaloa, se ha documentado que niños laboran hasta 12 horas diarias en cultivos de tomate y chile, mientras que en Veracruz y Michoacán ocurre lo mismo en la producción de caña de azúcar y limón.

Aunque la legislación mexicana prohíbe el trabajo infantil antes de los 15 años y permite el trabajo adolescente solo en condiciones seguras y reguladas, la inspección laboral es mínima. En 2023, apenas se realizaron 2,314 inspecciones en esta materia, concentradas principalmente en zonas urbanas.

La OIT advierte que, sin medidas urgentes, para 2030 podría haber 8.9 millones más de niños en situación de trabajo infantil, impulsados por crisis económicas, conflictos armados y los efectos del cambio climático. Además, estima que por cada punto porcentual que aumenta la tasa de trabajo infantil, el Producto Interno Bruto (PIB) de un país puede disminuir entre 1% y 2%, debido al impacto negativo en educación, salud y productividad futura.

México ha ratificado los convenios 138 y 182 de la OIT y cuenta con un marco normativo sólido. Sin embargo, la alta informalidad (que cubre al 55% de la economía), la baja cobertura de programas sociales y la limitada fiscalización han impedido avances reales.

Organizaciones como la Red Latinoamericana contra el Trabajo Infantil (RedLat) y Save the Children han urgido al Estado mexicano a adoptar políticas más contundentes: expansión de transferencias condicionadas, becas escolares, comedores comunitarios, y un sistema integral de protección con enfoque intercultural.

A menos de un año para alcanzar la meta del Objetivo de Desarrollo Sostenible 8.7 —erradicar el trabajo infantil en todas sus formas para 2025—, la realidad exige más que conmemoraciones. Como lo expresó Henrietta Fore, exdirectora ejecutiva de UNICEF: “Detrás de cada número hay un rostro, una historia truncada, un futuro robado”.

Este 12 de junio no se trata solo de recordar. Se trata de actuar. Porque ningún niño debería cambiar sus libros por herramientas, ni su recreo por una jornada de trabajo. El trabajo infantil no solo vulnera derechos: roba infancias, perpetúa la pobreza y posterga el desarrollo de naciones enteras.



Información: OIT/INEGI/UNICEF

Fotografía: Cuartoscuro

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