
En estos días, hemos sido testigos de una ofensiva legislativa sin precedente. Morena, aprovechando su mayoría artificial en el Poder Legislativo, ha decidido empujar en tan solo diez días un paquete de más de 30 reformas que atentan contra libertades esenciales, el equilibrio de poderes y el futuro democrático del país.
Desde la Ciudad de México, como legislador local y como Presidente Nacional del Instituto de Formación Política Jesús Reyes Heroles, no puedo sino advertir que estamos ante un momento crucial: el oficialismo ha dejado de lado el diálogo, ha ignorado las alertas de la sociedad civil y ha optado por el camino del autoritarismo legalizado.
No es menor lo que está en juego. Estas reformas, la mal llamada “Ley Mordaza”, entre otras, buscan legalizar el espionaje, criminalizar la crítica, imponer multas a los disidentes y otorgar facultades extraordinarias al Ejecutivo para intervenir en medios, redes sociales y espacios de deliberación pública. Se trata de un retroceso histórico que vulnera las conquistas ciudadanas, el acceso a la información y la libertad de expresión, pilares esenciales de cualquier democracia.
Hoy más que nunca, es indispensable alzar la voz y no permitir que se normalice el abuso de poder ni el silenciamiento de quienes piensan distinto. Porque silenciar la crítica no fortalece a la nación, solo blinda a quienes temen rendir cuentas.
En Campeche, Tamaulipas, y en Puebla, lo hemos visto: los gobiernos de Morena han perseguido a periodistas, bloqueado a opositores y difamado a voces ciudadanas. Aunque intenten maquillar la realidad con discursos de “transformación”, los hechos hablan por sí solos. La descomposición institucional es cada vez más evidente, y no se trata solo de una percepción. Lo han documentado organismos nacionales e internacionales, activistas, periodistas y voces independientes.
Además, los señalamientos sobre vínculos del oficialismo con el crimen organizado ya no son especulaciones. Son hechos respaldados por investigaciones serias, reportajes y declaraciones de gobiernos extranjeros. No es casualidad que México haya sido clasificado por Estados Unidos como un “adversario extranjero” por la colusión entre grupos criminales y autoridades federales.
Ante ese panorama, el PRI tiene una responsabilidad histórica. No solo como oposición firme en los congresos locales y federales, sino como formador de nuevas generaciones comprometidas con la democracia. Desde el IRH, mantenemos un trabajo permanente para construir ciudadanía, fortalecer la cultura democrática y formar cuadros que entiendan que el poder debe tener límites y que gobernar implica rendir cuentas, no imponer visiones unilaterales.
Nuestra lucha no es solo política, es profundamente ética: se trata de impedir que quienes gobiernan desde el rencor y la mentira destruyan lo que tanto ha costado construir. Es momento de unir fuerzas, de reconstruir puentes y de exigir un México de instituciones fuertes, donde la ley no sea rehén de caprichos ni instrumento de persecución.
Desde el Congreso de la Ciudad de México, seguiremos denunciando todo intento de concentración autoritaria del poder. Porque creemos en un país donde se escuchen todas las voces, donde el disenso no sea castigado y donde el respeto al Estado de derecho no sea una consigna vacía, sino una práctica cotidiana.
Hoy más que nunca, necesitamos contrapesos, diálogo y conciencia ciudadana. Y desde cada espacio que nos toque ocupar, tenemos el deber de defender la democracia. No hay causa más urgente, ni compromiso más alto.
Presidente del Instituto de Formación Política Jesús Reyes Heroles, A.C.


